A lo largo y ancho del traje de fallera, por Rafael Solaz.

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El estudio de la indumentaria es importante como valor de identidad de una determinada sociedad. En el caso de Valencia en las últimas décadas ha habido una sensibilidad hacia el rigor histórico y algunos expertos se han dedicado al profundo estudio sobre la manera de vestir nuestros antepasados. Pero ¿Qué es vestir correctamente a la antigua?

 

En los siglos XVII y XVIII las faldas tenían una caída natural, con un cuerpo engrandecido por la ropa interior, enaguas y sobre enaguas, sin añadidos que pudieran dar un carácter artificioso. Un cambio importante respecto a diseño y forma de la falda se produce a mitad del siglo XIX con la aparición del miriñaque, una especie de combinación interior almidonada, con sus varillas metálicas o de junco, que a modo de armazón ahuecaba la falda y le daba el carácter pomposo, aunque poco práctico por la incomodidad que representaba.

 

Recientemente han habido críticas y cierto paralelismo con esa moda de la falda ensanchada. Se han puesto de manifiesto las medidas exageradas de la falda valenciana de las falleras, sobre todo de las niñas metidas en el ahuecado y omnipresente can-can.

 

El mundo fallero ha incidido en los últimos tiempos en la búsqueda del vestir histórico y se ha preocupado, poco a poco, por la correcta utilización. A través de las épocas surgieron diferentes modas en el vestir de las falleras. En un principio se escogió como modelo el traje de fiesta autóctono del siglo XIX. En la actualidad se ha producido un cambio sustancial pasando al barroquismo del siglo XVIII o la incorrecta mezcla de siglos. Hace apenas unas décadas la falda era más recta y corta.

 

Con el siglo XXI llegó el actual modelo ahora objeto de reflexión. Las faldas han ganado volumen, aumentando las caídas de tela, apreciándose mejor los dibujos del traje y de la manteleta. Los especialistas argumentan que el llevar la falda más pomposa ha sido debido a la petición de las propias falleras -y las madres- que se veían mucho mejor que con la falda de caída natural que consideran más sosa y mustia.

 

Llegados a este punto hemos de decir que el ir “vestida de fallera”, frase tantas veces empleada, es incorrecto, se debe decir que las falleras van vestidas de valenciana a la manera de los siglos XVIII o XIX. Es algo que hay que remarcar porque es inexacta la denominación generalizada que actualmente se hace. Hace décadas se decía ir vestido o vestida de labrador o labradora, aunque este término ha caído en desuso.

 

La moda en la indumentaria valenciana, fallera, es cambiante, caprichosa y comercial. Reunir a especialistas con el fin de aunar criterios, nos parece más complicado.

Rafael Solar

Fotografías: Archivo de Rafael Solaz

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